1. ¿quién juega?

No mentarás el nombre de un equipo de fútbol en vano. Por eso no hay cosa que a los hombres nos chirríe más que una mujer que llega a un lugar con hombres viendo un partido y pregunta: “¿Quién juega?”. Y lo de “¿para qué es la bandera en la esquinita?” sólo sirve para lograr una excomunión directa . Es aplicable a otros deportes.

2. ¿En qué piensas?

Cuando los hombres descansamos, en realidad estamos meditando y no se nos puede molestar. Bueno, sí, siempre y cuando la mujer esté dispuesta a hablar de un Ferrari, de una pelusa en el ombligo o, por supuesto, de sexo (vale también practicarlo). Aconsejamos aplicar esta máxima en sentido contrario: no se lo preguntes a ella. Te arriesgas a oír respuestas como: “En que ordenemos las estanterías”.

3. o la wii o yo

Toda mujer debe saber que jamás ha de pronunciar la frase de arriba si no quiere llevarse una respuesta desoladora. La maquinaria de propaganda femenina se empeña en que si un hombre se echa un WoW a los 35 años es síntoma de que ha sido afectado por un síndrome: el de Peter Pan. ¿Inmaduro yo? Pues ya que preguntas... me quedo la Wii.

4. dame la mano, anda

Por fin comprenderá que un hombre no comparte paraguas. Menos aún paseando por el barrio. Así que eso de ir cogidos de la mano queda relegado a volver de marcha a altas horas de la madrugada. Sin público.

5. ¡cinco minutitos!

Esto significa un tiempo indefinido entre la media hora y la hora y tres cuartos. Pero la tabla oficial de espera depende de su físico. Los 10 primeros minutos son gratis. Luego damos un minuto por punto, según lo buena que esté. ¡A una chica de 5, se la espera 15 minutos máximo!

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